Este 5 de septiembre, Día Internacional de las Mujeres Indígenas, Yucatán enfrenta una paradoja: presume al mundo su identidad maya, pero miles de mujeres que mantienen viva esa cultura todavía enfrentan pobreza, discriminación y falta de oportunidades.
Yucatán ha construido buena parte de su identidad alrededor de la cultura maya. La lengua, los bordados, el hipil, la gastronomía, las ceremonias y las tradiciones son elementos que el estado presume dentro y fuera de México.
Sin embargo, detrás de esa imagen de orgullo cultural permanece una realidad que pocas veces ocupa el centro de la conversación: las condiciones de desigualdad que enfrentan las mujeres y niñas mayas.
Este 5 de septiembre, fecha en que se conmemora el Día Internacional de las Mujeres Indígenas, resulta inevitable mirar más allá de las celebraciones y reconocer a quienes han sido fundamentales para conservar una cultura milenaria.
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, en Yucatán había 519 mil 167 personas de tres años y más que hablaban maya. De ellas, 255 mil 185 eran mujeres y 263 mil 982 hombres.
Son más de 255 mil mujeres que representan uno de los principales pilares para mantener viva la lengua maya, transmitiéndola de generación en generación.
El maya es la lengua indígena predominante en Yucatán. Además, el propio Gobierno estatal reconoce que 65.2 por ciento de la población yucateca se autoadscribe como indígena, una de las proporciones más elevadas del país.
Pero el reconocimiento cultural convive con una problemática social profunda.
Según el diagnóstico oficial estatal, basado en información de la extinta CONEVAL, 53.7 por ciento de la población maya de Yucatán se encontraba en situación de pobreza multidimensional en 2022, mientras que 10.3 por ciento enfrentaba pobreza extrema.
En medio de estas cifras están las mujeres, quienes además de enfrentar las carencias económicas y sociales, pueden encontrarse con barreras derivadas de su origen, género y lengua.
Cuando hablar maya se convierte en una desventaja
La lengua no debería ser un obstáculo para acceder a una vida digna.
Sin embargo, el propio diagnóstico gubernamental reconoce que hablar maya puede convertirse en un factor de discriminación social y que la población indígena enfrenta carencias relacionadas con educación, salud, seguridad social y servicios básicos de vivienda.
El desafío comienza desde la infancia.
En 2020, Yucatán tenía 437 mil 798 niñas y niños menores de 12 años, de los cuales 216 mil 167 eran niñas.
Para las niñas mayas, conservar su idioma y sus raíces no debería significar tener menos oportunidades.
Deberían poder estudiar, acceder a servicios de salud, acudir a las instituciones públicas, continuar una carrera profesional y aspirar a empleos dignos sin que hablar maya represente una barrera.
El problema, por tanto, no está en la lengua ni en la cultura.
El problema aparece cuando las diferencias culturales se convierten en desigualdades sociales.
Más allá del hipil y los bordados
Durante las celebraciones oficiales, la mujer maya suele aparecer como una representación de la identidad yucateca: con su hipil, sus bordados, su gastronomía y sus tradiciones.
Pero las mujeres mayas son mucho más que una imagen folclórica.
Son campesinas, artesanas, comerciantes, maestras, profesionistas, estudiantes, emprendedoras, madres y dirigentes comunitarias.
Son quienes conservan conocimientos sobre la tierra, las plantas, la cocina, las ceremonias y las formas tradicionales de organización.
Son también las abuelas que enseñan la lengua a sus nietos, las madres que transmiten las costumbres y las jóvenes que buscan mantener sus raíces mientras construyen nuevas oportunidades.
Por eso, hablar de derechos indígenas también significa hablar de educación, salud, empleo, seguridad, justicia y oportunidades para las mujeres.
Yucatán registró en 2020 un promedio de escolaridad de 9.5 años, ligeramente por debajo del promedio nacional de 9.7 años. Detrás de este dato existen miles de historias de niñas y jóvenes que enfrentan obstáculos para continuar con sus estudios.
La pregunta es inevitable:
¿De qué sirve presumir una cultura milenaria si las mujeres que la mantienen viva todavía tienen que luchar por las mismas oportunidades que el resto de la sociedad?
Una deuda que va más allá de los discursos
El 5 de septiembre no debería convertirse únicamente en una fecha de discursos, fotografías y homenajes.
También debería servir para recordar que la cultura maya tiene rostro de mujer y que su preservación depende, en buena medida, de ellas.
Está en las abuelas que conservan la lengua; en las madres que mantienen las tradiciones; en las jóvenes que estudian y buscan abrirse camino; y en las niñas que representan la posibilidad de que el maya siga vivo durante las próximas generaciones.


